Sábado 20 de febrero. A las 9:30 h. estamos en la plaza de Cardeña, Gorbano, Manolo, Jorge, Jose, Paco, Pepe y un servidor. Tras un rato de charla para decidir desde donde comenzábamos la ruta y tras escuchar algún consejo de algún paisano que pasaba por allí salimos con los coches para Fuencaliente.
Al final después de aparcar los coches en la calle principal de Fuencaliente comenzamos la ruta subiendo una de las empinadas calles de las que este pueblo tiene y que nos lleva hacia la carretera de Conquista. A partir de ahí hacemos 20 km por asfalto llegando a Conquista casi sin enterarnos.
A partir de Conquista empieza lo bueno. Entramos en la Finca “La Garganta” donde nos da la bienvenida uno de los muchos guardías que allí se ganan el pan. Rodamos por una pista bastante buena, cosa que nos sorprendió a todos puesto que con todo lo que había llovido los días de antes esparábamos que estubiera en peores condiciones. Llegamos a la antigua estación de “La Garganta” donde nos comimos el bocata, eso si, con la compañía estimable de otro de los guardas de la finca que velaba por nuestra seguridad.
Reaunadamos la marcha y la pista se convierte en un camino bastante empedrado. Era una maravilla ir contemplando como corría al agua por cualquier sitio a donde mirases.
Después llegamos al pueblo de “El Horcajo” no sin antes parar en un antiguo puente por donde pasaba el tren y donde nos hicimos algunas fotos.
Tras hacer una pequeña parada en el mirador de este pueblo lo abandonamos adentrándonos en un túnel que hay que atravesar y donde la luz es escasa y hay que ir con mucho cuidado. Al poco de esto tuvimos un pequeño contratiempo.
El tornillo que sujetaba el sillín de la bici de Paco se partió y como todavía nos quedaban unos 15 km decidimos que iba a ser una paliza hacer todos esos kilómetros sin poder sentarse y lo mejor era volver después a recoger a Paco con el coche, así que lo tocó esperar un ratillo hasta que volvimos a por él.
El último tramo de ruta nos llevaba de vuelta a Fuencaliente por carretera. La subida del puerto de Valderrepisa rompió un poco el grupo y al final llegamos algo desperdigados.
Tras recoger a Paco con el coche las rubias nos esperaban en casa del “Pipa” y no era plan de hacerlas esperar. Sobre las 15:10 estábamos dando buena cuenta de ellas y comentando la mañana.
En resumen, para mí fue otra mañana en la que me lo pasé como los indios y disfruté de este deporte, de la compañía de mis compañeros de viaje (Dios los cría y ellos se juntan) y de los paisajes que rodean a Fuencaliente. Destaco el tesón de Paco que con su vieja Orbea con orquilla rígida se defendió como un jabato hasta el incidente con el sillín y también hay que destacar la magnífica ruta que hizo Jorge después de vivir en sus carnes una señora “pájara” el día de antes.
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