Crónica:
29 de diciembre de 2010.
Son las 9 de la mañana y comenzamos la que será nuestra última ruta del año. Partimos desde Ventillas, una pequeña y tranquila pedanía de Fuencaliente situada a pies de Sierra Madrona. Sierra ésta, quien le debe el nombre a los madroños que allí encuentran su lugar perfecto para vivir y llenar de colorido con su fruta ese bella zona durante un pequeño periodo del año. Una buena parte de esta ruta la haremos rodeados del típico bosque mediterráneo. La vegetación de este bosque y su riqueza faunística formada por especies tan escasas, como el buitre negro, alimoche, águila imperial, lince, lobo y cabra hispánica hacen de este lugar un sitio único y le proporcionan a la ruta un interesante atractivo.
Sierra Madrona hace ya un par de años que me dejó hechizado después de realizar mi primera ruta por entre sus entrañas y que mejor manera de terminar este año que disfrutando de sus bellos paisajes.
Hoy somos tres los integrantes de esta ruta. José Ramírez, yo y Curro, buen conocedor de la zona y que nos guiará a las mil maravillas dándonos una verdadera lección del conocimiento del medio. Tras prepararnos debidamente pertrechados con ropa de abrigo emprendemos la marcha con 2º de temperatura y una tenue niebla. Salimos cogiendo el camino a La Solana del Pino. Es un ancha pista que es atravesada por una gran cantidad de arroyos como el de La Aliseda, Nueve veces, Escorialejo, Los Cerezos, Agracegal, Robledillo, etc, etc. Estos arroyos gracias a las copiosas lluvias registradas durante todo el otoño y las últimas semanas, corren con una alegría majestuosa rebosando agua y vida a lo largo de sus cauces. Antes de llegar a La Solana del Pino vamos dejando a la izquierda varios cortijos como el Cortijo de los Coquiles, el Cortijo de las Navas y alguno más. Al llegar a La Solana del Pino, pueblo que está enclavado como bien indica su nombre en plena Sierra de la Solana, damos un pequeño paseo por sus calles. Nos llama la atención la fachada de alguna de sus casas adornada de manera muy particular con una cabra montesa hecha con piedra.
Tras esta pequeña visita a este pueblo serrano retrocedemos durante unos cientos de metros para tomar la carretera CR-5001 que desemboca en la CR-500 y que lleva a Mestanza. Esta carretera es estrecha y poco transitada. Antes de llegar a la presa del Embalse de Montoro hay que realizar la ascensión al Puerto del Calero, cuya altitud es de 965 metros y que realizamos sin problemas observando el vuelo de los buitres entrando y saliendo de las buitreras sobrevolando nuestras cabezas. Al coronar nos pudimos deleitar contemplando las bellas vistas que desde allí se pueden ver de toda la sierra.
A los pocos kilómetros desviamos nuestra marcha para pasar por Minas Diógenes. Unas antiguas minas de donde se extraían varios tipos de minerales como pirita, galena y antimonita y cuyo origen se remonta a tiempos romanos. Desde allí seguimos por un tramo que enlaza con el cordel de Puerto Suelta y que atraviesa todo el Valle de la Alcudia, evitando así circular por carretera. Este tramo nos hace atravesar la presa del Embalse de Montorillo, el cual se encontraba hasta arriba de agua. Al llegar a la presa de este embalse que regula el curso del río Montoro y cuyas aguas van a parar al Jándula, paramos para tomarnos el bocadillo y hacer unas fotografías de los meandros que forma este río. Es un espectáculo ver como serpentea su curso.
Proseguimos la marcha tomando el camino de Tablillas y posteriormente el del Horcajo que discurren por unos preciosos parajes de dehesa escoltados en todo momento por Sierra Madrona a nuestra izquierda. En este tramo tuvimos que atravesar el río Tablillas lo que hizo que nos tuviéramos que quitar el calzado y arremangar los culotes ya que el agua nos llegaba hasta las rodillas. Este pequeño baño nos refrescó ya que el día nos estaba regalando una agradable temperatura, que en algunos momentos llegó a los 24º, todo un lujo en pleno mes de diciembre. La ruta estaba siendo casi en todo momento un subir y bajar que la hacía bastante rompe piernas, algo inesperado antes de su inicio. Al llegar a la cañada de Puerto Suelta, tomamos dirección sur buscando Puerto Ventillas. Este tramo está señalizado como tramo 4 de la ruta de Don Quijote que une el Valle de la Alcudia al Campo de Calatrava y dispone de una zona de descanso con merendero donde se puede parar a descansar y leer los carteles informativos de flora, fauna y demás de la zona.
El valle de la Alcudia es una amplia zona adehesada marcada por su pasado minero y actualmente por la ganadería. Era un lugar de paso obligado por los viajeros del antiguo Camino Real de la Plata que unía Toledo con Córdoba durante las edades Media y Moderna. En este tramo se encuentra también otro paso del río Tablillas, el cual dispone de un puente que por suerte pudimos cruzar sin problemas ya que la semana anterior al agua lo cubría. Al poco llegamos al inicio de la subida a Puerto Ventillas, situado entre medias de la Sierra del Rey y la Sierra de Valdoro y con una altitud de 923 metros. Esta subida para mí se hizo un verdadero calvario. El cansancio a estas alturas ya hacía mella y para colmo un dolor en una de mis rodillas me hizo echar los pies al suelo en una de las empinadas rampas que tiene este auténtico coloso. José Ramírez nos sorprendió a Curro y a mí con su valiente ascensión que la hizo sin bajarse en ningún momento de su bicicleta demostrando un destacable pundonor. El saber que sería el último gran esfuerzo del día al que nos afrontábamos y que una vez arriba podríamos disfrutar de las maravillosas vistas del Valle de la Alcudia y de Sierra Madrona, nos proporcionaron las fuerzas justas y necesarias para empujar hacia arriba poco a poco y hacer cumbre, como dirían los alpinistas. Una vez arriba y después de haber superado las pronunciadas pendientes de esta ascensión, nos deleitamos con las fabulosas vistas, tal y como esperábamos y después de contemplar aquellos paisajes llegó el momento de disfrutar con la bajada hasta Ventillas, donde nos esperaban los coches para volver a casa y donde concluiríamos este maravilloso día.
Antes de esto, la ruta nos tenía preparada un último regalo que era el paso del río Montoro antes de llegar a Ventillas. Este paso lo hicimos ya, sin que nos importase mojarnos e hizo que pareciéramos niños disfrutando de dar saltos en los charcos.
La ruta fue mucho más dura de lo que nos pensábamos y en mi caso me llevó al agotamiento previo a una pájara. Por suerte no la llegué a sufrir pero poco faltó.
Al terminar me invade la sensación de felicidad. La felicidad que te regalan esos días de bicicleta, campo y momentos inolvidables compartidos con los compañeros. Momentos que intento vivir siempre intensamente.
Me fui como esperaba, muy contento, deseando que llegue pronto el próximo día donde la bicicleta y el campo sean los protagonistas y a ser posible por las cercanías de mi pueblo, Cardeña Naturalmente. Esto tendrá que ser ya el año que viene. Año que imparable nos pide paso y que espero nos traiga a todos muchos, muchos kilómetros de disfrute y diversión subidos siempre en nuestras sufridas monturas.