Hoy es 9 de Abril de 2009 y he quedado a las 7:30 h con mi amigo y gran compañero de aventuras Jose Ramirez. Después de pasar una mala noche en la que apenas he dormido por fin suena el despertador y me levanto. ¡Vaya día me espera¡ Me preparo, desayuno y voy a buscar a Jose. Todavía no ha salido el sol y es necesario el uso de linterna y luz trasera para que nos vean.
Después de hacernos la foto de rigor y despedirnos de la madre de Jose (Paca), que sale a decirnos ¡pero qué valor tenéis¡ empezamos una prometedora mañana de bicicleta y campo en la que Jose será el guía. ¡Menudo lujo¡
Hace mucho frío pero vamos preparados y bien abrigados. Salimos de Cardeña por el camino del Cerezo parando en el pozo para hacernos otra foto. Esta será la tónica durante toda la ruta. La belleza de los paisajes por donde pasamos merecen ser recordados y que mejor manera que mediante fotografías (más de 200).
Está empezando amanecer y llegamos a la portada de la finca Santa María. Continuamos la marcha y dejando el cortijo a nuestra izquierda bajamos hacia el río Yeguas. Una bajada de ocho kilómetros con unos barrancos espectaculares nos lleva hasta el mismo río.
Son cerca de las ocho y media de la mañana, hace bastante frío y nos queda uno de los platos fuertes del día. Cruzar el río Yeguas. Río éste que separa las provincias de Córdoba y Jaén. El sitio es de película. El río desprende una tenua bruma que junto con los fresnos que le escoltan hacen del lugar un sitio verdaderamente idílico.
Jose quitándose sus zapatillas y remangándose sus pantalones es el primer valiente en cruzar. La bicicleta le sirve de apoyo, dado que las piedras hacen difícil el paso del Yeguas. Mientras cruza aprovecho para hacerle fotos.
Cuando llega a la otra orilla empiezo a desprenderme de la ropa. Llevo un culote largo pillado por los pies y con tirantes, esto hace que no me quede más remedio que quitarme toda la ropa ¡Qué fresquito madre¡ Preparado empiezo a cruzar e intento disfrutar el momento al máximo.
El agua está fría pero no tanto como yo creía. Al llegar a la otra orilla Jose me está esperando ya vestido. Tras volver a repetir la operación con la ropa vuelvo a estar preparado para continuar con la marcha.
Pasamos una portada y ya en la provincia de Jaén entramos en Valquemado. Una finca donde está registrado el índice más alto de población de lince ibérico en España. En esta sierra junto al lince sobrevive hoy en día lobo. Parándose a pensar esto, uno se da cuenta realmente del lugar donde se encuentra.
Comenzamos una subida que consta de cinco kilómetros suaves y tres últimos verdaderamente empinados y sufridos. Para Jose esta es la verdadera prueba de fuego para hoy. Subir Valquemado sin bajarse de la bici es un gran reto para él. Reto que solventa con gran valentía y sacrificio.
Al llegar a la cima es el momento de reponer fuerzas. Tras pasar una portada paramos junto a unas piedras y después de buscar sin éxito unas antiguas tumbas romanas que hay en las proximidades nos comernos el bocadillo. Jose saca de su mochila unas lonchas de jamón que hacen del avituallamiento una delicatesen.
Después de llenar “el buche” continuamos la marcha. Desde aquí iré tomando nota, con la ayuda de un papel y un lápiz del Ikea, de cada cruce y de cada referencia que me pueda servir para volver a repetir la ruta sin guía.
A partir de ahora hay que ir con mucha vista pues el cambio continuo de direcciones y de caminos en algunos casos casi inapreciables, hacen que sea muy fácil perderse. Después de ir cogiendo varias bifurcaciones de caminos y durante algunos tramos ir a la trocha (campo a través) cruzamos otra portada junto al arroyo La cabrera. Aquí empieza un camino con mucha arena y esto provoca que sufra una pequeña caída sin consecuencias. Después de unas risas y sacudirme la arena proseguimos.
La ruta continúa y no me veo mi rostro pero en el de Jose se reconoce una alegría especial. Estamos disfrutando de lo lindo, como niños con sus juguetes nuevos el día de Reyes.
Más tarde y después de pasar por las cercanías de varios cortijos, Valhondo y Navaslasno, llegamos a otra portada que nos adentra en la finca Lugar nuevo. Ahí pasamos por auténticas trialeras de campeonato, donde no nos queda más remedio que bajarnos de nuestras compañeras de fatigas.
Después de esto y tras cruzar el arroyo de Los Santos nos espera otro tramo en el que bajarse de la bici es lo más aconsejable. Pasado este tramo continuamos en busca de una pista que nos acerca hasta las inmediaciones del Cerro Chico. Llegado a este punto empezamos una ascensión que nos llevará hasta las mismas casas de las cofradías y hermandades que forman el poblado de la Virgen de la Cabeza. En esta subida como si me llamase La Morenita cojo un ritmo endiablado que me lleva hasta arriba.
Allí espero a Jose y también allí nos reunimos con Javi y su familia. Javi es el hermano de Jose y es la persona que ha venido a recogernos con el coche para llevarnos de vuelta a Cardeña. A él, le acompañan Vicenta y el pequeño Marcos. Después de saludarles quedamos con ellos en la plaza.
Jose y yo en un último esfuerzo subimos las empinadas rampas del Cerro del Cabezo, donde se encuentra el Santuario.
Una vez allí retratamos el momento y contemplamos las fantásticas vistas.
Jose trabaja por la tarde y esto hace que no tengamos tiempo de entrar al Santuario para contemplar a la Virgen. Excusa esta que hará que volvamos a venir lo antes posible a este precioso enclave de la sierra de Andújar, testigo en días pasados de trágicos capítulos de la guerra civil.
Tras comentar la ruta es hora de volver a Cardeña. Encantados nos despedimos de la Virgen deseando encontrarnos pronto de nuevo con ella. Pero para la próxima ocasión escogeremos otro itinerario. Empezamos desde ya a pensar los caminos que nos traerán en nuestra siguiente peregrinación ciclista a este Cerro, que tiene algo que me embruja, algo que no puedo explicar pero que me pone la piel de gallina y los pelos de punta. Este día quedará ya para siempre como un buen recuerdo en mi cabeza y en mi alma.
Hasta pronto Morenita.